viernes, 9 de agosto de 2013

"UN VIERNES MÁS"





Recuerdo mis años escolares cuando con un gusto desbordante esperábamos la llegada del viernes, sí y no, porque los maestros solían ponernos toneladas de tarea, como si su encomienda fuera dejarnos sin diversión por el resto de nuestra vida, aun así, salir con los padres a pasear, a los parques, a comer a algún lugar, visitar familiares que no ves entre semana, uno que otro bautizo o los tan esperados cumpleaños llenos de sorpresas con Cindy Lauper y sus "Chicas que solo quieren divertirse".

Luego viene la secundaria, cuando empiezas a ver el mundo de manera diferente, en preparatoria las quinceañeras y tus primeros bailes, cine con amigos, ir “de shopping” a las plazas comerciales  y después finalmente llegas a la universidad, y es ahí cuando le toma uno más sentido a los viernes y al gusto de recibirlos porque sales a divertirte ya en una forma más “adulta” a la "disco", (up’s creo que me ventaneé sola) y a "andar de rol" ya sin padres o permisos muy estrictos, como los de prepa pero viviendo en casa paterna todavía y sin correr con gastos de manutención alguna.

Mi padre siempre me decía esta máxima, la que aplico hasta el día de hoy: "si no tienes con quien irte y manera de regresar bien, no vas", tomando en cuenta que en aquellos tiempos el toque de queda era ¡a la 1: am!,  (uff si, otra ventaneada...), ni un minuto después o tendría serios problemas para permisos futuros.

Después sin saber cómo, entramos a la etapa de trabajadores “freelance”  o empleados, recibimos nuestros primeros sueldos que en ese entonces, solteros y sin compromisos, eran como sacarse la lotería cada quincena, aunque mi papá siempre pidió "la cooperación a la casa".

Nos llega ese turno, ese momento de ya tal vez estar por casarnos o independizarnos de nuestros padres para así finalmente emprender ese vuelo hacia la “libertad”…

Ajá, sí, la ansiada libertad que desde que estábamos en preparatoria rogábamos para que el tiempo corriera más deprisa y por fin poderla vivir… mientras la que quiere que “le cuentes las pecas de la espalda” nos cantaba con su inconfundible y nasal voz “Gracias a Dios es Viernes

Oh sí, horarios más estrictos, levantadas temprano, camión o carro, ir, venir, corre entrega el pendiente, pasa el reporte, acaba el diseño: ¡lo querían para ayer!, no así no, ¡más cambios por favor!, llevarse trabajo a casa en muchas ocasiones, (lo bueno es que ya no estamos estudiando y no nos “dejan” tarea… ¬¬ ), o en el caso de los “empleados de confianza”, quedarse hasta después del horario correspondiente a “terminar pendientes”. 

¡Wow! Qué libertad tan padre ¿no? Ok-ok, no está tan mal sobre todo si te gusta tu trabajo…

Aquí y para cerrar tanto rollo, por lo visto, los viernes siempre han sido iguales y tan esperados como siempre, y siempre por la misma razón: la emoción de que al día siguiente dormiremos hasta que se nos bote el ombligo o el hambre nos obligue a levantarnos.

Sí, descansar y descansar, lo único malo es que también es como comerse un delicioso pastel sufriendo porque a cada mordida se nos va a acabar. 

¿La solución? O le cambiamos el nombre a todos los días de la semana como Viernes1, Viernes2 y así, o decidimos disfrutar cada uno de esos días llámense como se llamen, sin odiar al triste lunes que la verdad es como la tortilla de arriba: nadie lo quiere.

Eso sí, sin que se nos quite la emoción del bendito día de Venus para que no nos sea, un viernes más.

Y bueno, hoy no estuve muy filosófica pero sí narrativa, espero les haya gustado esta entrada de blog, ligera y chistosona para aligerarnos la carga de la semana. Cuídenseme mucho y ¡¡a tirar pata de perro en la noche!! 

¿A dónde vamos a ir? =D ¡Que pasen un lindo fin de semana!