jueves, 24 de julio de 2014

¿HAZ ESCUCHADO EL AMANECER DE LA VIDA?

Pequeño colibrí en mi árbol
Jamás había tenido una experiencia como la de hoy por la mañana cuando algo me despertó muy temprano. Todavía no podían verse los primeros rayos del sol y reinaba un silencio apacible, puro, adormecido.

En días normales, inclusive me despierto más temprano pero para cuando este momento llega, yo ya estoy en el afán del día a día, de manera que ahí estoy, vivo, pero no me doy cuenta del entorno tan hermoso y la maravilla que sucede justo a esa hora, en el momento en que "rompe" el sol.

Que yo recuerde, nunca había escuchado con tanta atención a la naturaleza despertarse. Podía percibir el silencio humano en toda su extensión y un sin fin de sonidos, gorjeos, ramas, hojas, aleteos y "chit-chat" pajaril. ¡Es una verdadera sinfonía!

En el árbol del patio que llega hasta mi ventana del segundo piso, pude observar sobre sus ramas más altas, a las aves que ahí anidan haciendo su calistenia al abrir sus alas y saltar de un lado a otro para después ir por su desayuno.

Es en ese momento en que los colores del cielo se tornan de un roji-azul vibrante, y las pocas nubes dan sombras y formas hermosas y esponjadas y el firmamento desaparece para dar lugar al astro rey, que pude darme cuenta que no hay noche más negra que no tenga un amanecer y que no importa lo que suceda, siempre - siempre llegará la luz, la vida y el color de nuevo. Que aunque parezca todo desolado simplemente es que está dormido, aguardando su tiempo para despertar. Que cada mañana es diferente, nueva y que nada puede ocupar un tiempo que no le toca.

Finalmente comprendí que hay cosas que tienen que esperar su propio amanecer pero cuando suceda ¡será glorioso! Y eso llenó de alegría mi corazón que a veces se abruma con cosas, como las tuyas, como las mías, como las de todos.

Decidí pues, mirar a mi propio amanecer, único, maravilloso y en el cual habrá no sólo una sinfonía auditiva, sino una paleta llena de colores increíbles, luces y todo aquello que esté preparado para este gran momento.

Debo ser paciente con aquello que espero y que pareciera tomarle una eternidad llegar y enfocarme en lo que ahora sucede. Dar prioridad a lo que necesita mi atención sin envolverme en lo negro de la noche de algunas cosas.

No me iré sin mi amanecer, sin mi sol rompiendo la oscuridad y llenando todo mi cielo. Y tú, ¿esperarás con paciencia la llegada de tu nuevo día?

Los quiero. Les envío un abrazo ahí donde estén, lo necesiten o no.
Con cariño: Angie.