domingo, 4 de enero de 2015

En la búsqueda de la felicidad.

Parecieran días interminables llenos de situaciones varias. De esos días en los que piensas: "¿me levantaría con el pié izquierdo?"
Nuevamente hoy tuve que ponerme el disfraz de "arregla-todo" cuando mi boiler o calentador de agua de paso, como les llaman, (esos que la calientan cuando esta corre por un serpentín de metal expuesto al fuego en el momento que abres la llave del agua caliente). Debo confesar que estaba realmente molesta y estuve a punto de patear el aparato y hasta se me "aguaron" los ojos por la impotencia ya que dicen que los problemas no vienen solos, sino de a 3 en 3 y este era ya el tercero de la fila. Con la prisa por delante y dos chiquillos esperando la regadera, me determiné a reparar el problema. Llamé a los técnicos en el asunto y me argumentaron estar de vacaciones y no regresar hasta el 5 de enero del 2015. ¡No podía esperar hasta entonces!


Con el tiempo he aprendido, (y con la lectura de ya varios manuales de "Problemas Frecuentes" y por lo que le pregunta a uno la operadora del sistema de cable), que hay que empezar por lo básico: las conexiones. Me fijé primeramente que hubiera gas en la casa, (el combustible que usan estos cachivaches para calentar el agua), si no tenía mangueras rotas etc. A continuación y como ya conocía algo del funcionamiento de estos dispositivos me dispuse a revisar el sistema eléctrico osea, las baterías. Este sistema se maneja por encendido a base de chispa, esa chispa, obviamente es generada por una pequeña corriente eléctrica de dos baterías tipo "D" de esas grandotas que todos conocemos del conejo con el tambor, en fin, abrí el compartimento de las pilas, lo limpié y revisé percatándome de cierta oxidación en uno de los contactos. Después de limpiar y lubricar con WD-40 acomodé todo nuevamente sólo para darme cuenta que esto tampoco había resuelto el problema. Probé con baterías nueva y nada funcionaba. 

Después de casi una hora de maniobras, me convencí de que no habría otra más que adentrarme en la situación, con un razonamiento sobre cómo se transporta la electricidad, y habiendo forzado las manijas de los reguladores de calor, quité la tapa del calentador, tomando todas las precauciones de apagado y cerrado de llaves para evitar un accidente pensando en que tal vez me podía topar con algún cable desconectado o "algo así". Jamás había abierto una cosa de estas pero eso, como es mi costumbre, no me impidió hacerlo. Di una mirada a todas las conexiones y cablerío empolvados y me di cuenta que todo estaba perfectamente bien conectado y sin corrosiones. Sacudí con una brocha, "por si" era eso pero nada, seguía sin comprender el problema.

Recordé entonces el muy socorrido YouTube en el que siempre encuentra uno de todo, sí, de TO-DO, hasta con lo que no quisiera uno toparse. Por fin di con un video titulado: "Corrección de problemas comunes de calentador de paso BOSCH" 
 
MICROPROCESADOR
A pesar de que mi boiler no es de esa marca, sabía que todos son "masomenos" lo mismo. Entre las soluciones que daba el sujeto en el video encontré la que probablemente me podría servir. Él hablaba de un micro interruptor, si una pequeña cajita negra con una lámina y un "botoncito" que se levanta cuando la laminita se mueve generando la tan deseada chispa que encenderá todo y pondrá en óptimo funcionamiento el aparato. Sí, un pequeño cuadrito de apenas 1.5-2 cms era el corazón de la operación y el técnico recomendaba "sensibilizar" este pequeño aparatito para que, en caso de tener poca presión de agua, esto no impidiera que el boiler encendiera. Lo único que había que hacer, era levantar un poco y con mucho cuidado dicha laminita para doblarla hacia afuera, sólo un poco y quedaría listo. 

Sin pensarlo dos veces, corrí a mi destripado calentador y localicé este "microcomosellame", me di cuenta que la laminita estaba muy pegada y empolvada y con un pequeño pincel y el mil usos WD-40 limpié todo, levanté la lámina y la doble como sugería en el video. Una vez habiendo realizado la maniobra, lo cerré con su tapa, puse las manijas y tornillos adecuados e hice la prueba final. Fui a la cocina y abrí la llave del agua caliente y como un sonido celestial, (si, nuevamente), escuché el "click-click" de la chispa y el fogonazo que no dejaban lugar a dudas. Celebrando con una danza ancestral por toda la cocina, mis críos y yo cantábamos felices por el triunfo logrado.

Mientras veía a mis hijos celebrar conmigo este hecho tan simple pude comprender como es que la vida vez tras vez nos da una gran lección, ante un problema de nada vale el llorar, enojarse ni "despotricar". Todo comenzó a fluir y pude concentrarme en cuanto canalicé mi frustración y energía hacia resolver la situación y no dejarme dominar por la desesperación, llegando finalmente a la conclusión de cómo es que en algo tan pequeño puede estar la solución. A menos sensibles seamos, más grande nos parecerá el problema y menos lo podremos resolver. Pude apreciar que más que el vapor del agua que ahora salía de mi llave, lo verdaderamente importante fue vernos ahí, abrazados riendo a carcajadas por los bailes desaliñados y las voces mal entonadas de un sonsonete burlón de celebración. El amor que mis hijos me profesaban en su sencillez y mirada honesta hacia mí.

No seamos "duros" a nuestro entorno, quitemos todo el polvo, lubriquemos y sensibilicemos nuestros sentidos y más que todo sintonicemos nuestros corazones, no solo para la solución y tal vez prevención de los problemas venideros sino para apreciar la felicidad que tenemos al alcance de la mano. Decimos que la buscamos sin darnos cuenta que todo lo que necesitamos está ahí, en frente nuestro.

Con cariño: Angie.
Dedicado a mis más grandes tesoros: mis hijos.