martes, 24 de mayo de 2016

Cuando el pasado te alcanza.

Sus ojos eran pequeños como dos almendras, un par de capulines como pupilas. Alrededor de aquellos, grandes y oscuras ojeras que solo eran tapadas por sus pesados y verdes anteojos de "fondo de botella". Bajito, un poco regordete, piel morena y carácter firme. Una mata de cabello grueso, abundante y ondulado coronaban su cabeza a pesar de sus años. Sí, así era mi profesor de secundaria, ya no recuerdo qué materia impartía, solo recuerdo que, en mi afán por aceptación juvenil, yo también me llegué a burlar de él. Nunca hacía chistes, nunca reía, jamás supimos qué era de su vida, si era casado, soltero, viudo, qué se yo. Llegaba con sus libros debajo del brazo, una tiza y borrador. Se sentaba en el escritorio desvencijado que se notaba que ya había visto pasar generación tras generación en ese salón de clases, al igual que él. Nadie teníamos idea de cuánto llevaba ahí, era ya un activo fijo del lugar.

En aquellos años solo lo vi reir y bailar una vez, solo una. Fue todo un suceso ya que ese día, que en realidad tampoco recuerdo qué celebrabamos, se animó a levantarse de su silla igual de vieja o más que el escritorio, y ponerse a bailar en medio de todos nosotros; posiblemente celebrabamos el fin de cursos en el salón, otra cosa más perdida entre mis recuerdos. Pero lo que no se me olvidará nunca es esa mirada acuosa y feliz al bailar ahí, al moverse como si fuera a dar una demostración de toda la coreografía de "pajaritos a bailar, cuando acaban de nacer..." moviendo sus brazos como las alas de una gallina y dando saltos graciosos. Sí, como era de esperarse, todos se burlaron de él, nos burlamos. No tan descaradamente como para que se diera cuenta, o eso pensábamos. Solo fue una, tal vez dos canciones y se acabó, él se gozó y rió a carcajadas. No lo podíamos creer. Al final, sin más, regresó a su lugar y siguió sonriendo por un rato más mientras nos veía bailar en "bolita".

Jamás supe de él, nunca me preocupé en volverle a buscar, las veces que regresé a la secundaria a saludar a otros maestros no lo recordé, ni una sola vez.

¿Porqué lo recuerdo ahora?, ¿porqué conmueve mi corazón esa imagen cuando en su momento solo me fue objeto de burla?, porque ahora me descubro en un día cualquiera bailando con mis hijos y me doy cuenta que hago exactamente lo que él hacía: bailo a grandes saltos y moviendo "mis alas" como las de una gallina alrededor de sus pollitos. ¿Será que me ha alcanzado la edad? ¿O simplemente es que no me importa el "glamour" que puedo estar perdiendo al hacer esos visajes? Lo único que sé es que disfruto enormemente de esos momentos, río, me gozo y veo a mis hijos hacer lo mismo; ellos ríen también pero no se burlan de mi, (espero). Es ahora cuando pienso en él, en mi maestro del cual tampoco recuerdo su nombre ni su apodo, pero puedo comprender lo que tal vez él vivió en esos momentos.

Pocas cosas lamento de mi vida, debí vivirla más intensamente. Un amigo me dijo una vez: "el mejor momento para plantar un árbol fue hace diez años; el segundo mejor momento... es ahora".